Gracias a Dios
Por si me preguntaras,
- esto -
- esto -
(manos bajan, y suben,
dibujando
pies.a.cabeza)
no es una carrera.
No es una “elección de vida” o una “opción”.
Esto
es mi respuesta única
al AMOR
que me sedujo
hasta una profundidad
que ningún amor humano pudo.
Y antes de que pienses
que digo eso porque
nunca conocí
realmente
el amor humano--
lo conocí.
Realmente.
Puedes preguntarle y te contará, sonriendo,
cómo una le resultó lesbiana
y la otra monja.
Pero ni por él
mi primero, mi “único”,
pude dejar de ser lo que era,
de ser lo que no era todavía.
Y lo hubiera hecho.
Pero me fue imposible.
Gracias a Dios.
Y por si quisieras saber...
cómo un Creador puede seducir a su creatura,
tendrías que preguntarle a Él.
Pero es más que seguro que te respondería
susurrándote en las hojas del motacú
(o del roble, por si fuera más conveniente),
gritándote por la boca del halcón
(o de la paloma, por si te asustas fácilmente),
ahogándose en pozas de aguas profundas
(o en los ojos de tu niña);
inmolándose por tu amor
en cada brisa, en cada alba, en cada otro
y en todos los altares de toda la tierra.
¿Cómo se puede resistir ante una seducción
que abarca todo
lo mío, lo tuyo,
lo que había y lo que habrá?
No sé. Porque no pude.
Y no por falta de ganas.
Resulté ser una conquista difícil, caprichosa,
llena de dudas y penas y pesares.
No le importó.
Gracias a Dios.
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